The joke´s on us

Hace algunos años se inauguró en la ciudad de Chihuahua la infame Galería de la Memoria y Recuperación de la Paz, una especie de oda a lo grotesco de la autoproclamada guerra contra el narco, instalada en el armatoste antes conocido como el viejo edificio de la SCT, sí, ese que está al ladito del Monumento al Policía Caído que más bien parece que está robándose un niño.

Dentro, se exponían cual fenómenos de circo fotografías y vídeos de personas que por uno u otro motivo habían sufrido los estragos de la violencia, con esto, nuestro querido César Duarte buscaba acrecentar la identidad local al provocar en las personas una repulsión que de algún modo mutara en orgullo.

La cruel broma del exgobernador fue llevada a cabalidad, pero no del modo que él lo planeó, la ciudad se indignó, sí, pero no por la instalación grotesca sino por el mal servicio de transporte público, lleno a su vez del chocante y burlesco espectáculo de cómo el poder mueve a los ciudadanos cual fichas de dominó.

Los submarinos rojos que recorren nuestras calles, así como sus estaciones que entorpecen el tráfico, provocan en nosotros la repulsión que él buscaba al sumergirnos en un hacinamiento obligado que desemboca en frustración, frustración por no tener otra opción, frustración de vivir según los caprichos burocráticos.

Lo peor de esto es que si bien se ha desarrollado un sentido de unidad entre los usuarios este no pasa de las ya clásicas mentadas de madre al conductor -quien a su vez no hace más que cumplir con su jale- y quejas descargadas sobre nuestras familias o compañeros de trabajo. Nuestra indignación, como siempre, pasó a ser un ya bastante quemado berrinche que acaba cuando una mosca pasa y roba nuestra atención.