Maw: el regreso de los gatitos ruidosos

¡Maw ha vuelto!, volvió en forma de… bueno, en forma de esta increíble música que nos han entregado durante casi una década, con su característico sonido estridente basado en poderosas guitarras distorsionadas que se sustentan en un sólido groove de bajo y batería, en contraste con melodías pegadizas y melancólicas por partes iguales.

Y es que en realidad nunca se fueron, como pasa con tantas bandas independientes –¿hay acaso en la actualidad proyectos que no apelen o estén orillados a abrazar la independencia creativa?–, sólo estuvieron en un descanso prolongado desde su última tocada que fue en el festival Marvin 2018, cuando compartieron un lujo de cartel junto a leyendas como Buzzcocks o Gang of Four.

Gracias a esa presentación en la Ciudad de México la banda chihuahuense Maw fue conocida por personas con espacial sensibilidad para el ruido bonito y propositivo. Llegaron así hasta los oídos de Caperuzo.mx, medio de comunicación que se dedica no sólo a cazar y dar a conocer propuestas valiosas a nivel nacional, sino que organizan sus propios conciertos para darle un plus a la labor periodística que realizan. Fue así como se dio el “a ver cuándo hacemos algo juntos”, pero nadie contaba con que cierta pandemia global retrasaría esos planes.

Luego de tantas vacunas, muchos cubrebocas y otro tanto de encierro prolongado, es un gusto poder decir en este 2021 que Maw por fin ha vuelto, primero para su presentación del pasado 19 de noviembre en el foro La Mexicana, que bien sirvió como el preámbulo y calentamiento para la visita que la banda hará este viernes 10 de diciembre a León, Guanajuato, donde se presentará en la posada de Caperuzo junto a algunas de las propuestas musicales más interesantes del país, como son Mengers y El Shirota.

 

Esta parte no puede ser menos objetiva…

Y es que, el baterista titular de Maw, Daniel a.k.a. El Sera, se encuentra por el momento lejos de Chihuahua y el cierre de fronteras debido al Covid-19 le impidió participar en este regreso de la banda a los escenarios. En su lugar, el que esto escribe ha entrado como baterista emergente para acompañar a estos gatitos ruidosos en su minigira por el Bajío. (¡Maldita sea, qué emoción!)

Hace algunos años escribí una carta de amor –muy barroca, dicho sea de paso– a la música de Maw, producto de mis primeros encuentros en vivo con la banda, como un oyente impresionado y agradecido por la existencia de algo tan grande, tan sensible, tan bonito y trascendental –para mí, para unas cuantas personas quizá– justo aquí en nuestro asoleado terruño.

Aquella carta se llamaba “La lotería en Babilonia” y fue incluida en un libro que recientemente publiqué, La escuela del resentimiento, del que ya se ha escrito en Circuito Norte. Hoy tengo la oportunidad de añadir estas cuantas palabras desde otra posición, justo detrás de los tambores de una de mis bandas favoritas ¿de Chihuahua? ¿De México? No. Así simplemente: una de mis bandas favoritas de la vida.

Aprender las canciones de Maw ha sido algo relativamente sencillo, un gozo constante en cada ensayo, pues su música me ha acompañado durante años en reproducción constante. Sólo soy un fan tocando con su banda favorita. Gracias a esto fue que nos salió la hermosa “Gallina” o la potente “Padre nuestro” prácticamente al primer intento (directo para mi CV).

Sin embargo, también ha representado un reto técnico como músico acercarme lo más posible al sonido que Sera plasmó en las grabaciones y la fuerza con que ejecuta cada pieza en vivo, como la compleja “Víctima de las sombras” con su groove en 5/8 o esa especie de ritmo mutante entre el kraut y el jazz frenético que distingue a “Ave María”. Esto que ahora escribo es también un homenaje para un baterista tan completo e interesante como Daniel.

Compartir los ensayos con Elías, Juan Pablo y Cecy ha sido una experiencia de ensoñación, en ese cuarto de ensayo que es más bien un sótano cálido, donde siempre hay mínimo un gato de los muchos que habitan esa casa antigua de la colonia Industrial.

En cada sesión de ensayo, Elías nos ofrece su hospitalidad afectuosa, nos muestra algún nuevo pedal recién adquirido, nos cuenta cómo va su trabajo de enseñanza musical a niños o nos actualiza con las últimas noticias sobre la tocada próxima. Juan Pablo nos comparte cómo su pequeña hija Jimena ya toca la batería o nos invita a escuchar el Live and Loud de Nirvana como un gran ejemplo de un setlist inteligente y bien planeado. Cecy, con su plática siempre amena y generosa, me revela esa técnica depurada de bajo no es casualidad, pues desde muy temprana edad ha estudiado música, apoyada e inspirada por su padre Héctor Contreras, un experimentado músico de la ciudad de Chihuahua. Luego todo es platicar de gatos: Rito, Frankie, Sol, Bucky, Mancha, Loreto… si no me fallan las cuentas, entre los cuatro sumamos algo cercano a 15 gatos adoptados. Miau.

Esta es pues otra carta de amor a la música de Maw, pero también es una carta de afecto y admiración a estas personas que cada vez entraño más en la memoria permanente.

Si usted está cerca del Bajío, por lo que más quiera, vaya a escuchar y experimentar la música de estos gatitos ruidosos en la posada Caperuzo. Hágale ese favor a su alma.