Dos apuntes sobre la ¿fotografía? de Isaí Omega

Es complicado definir qué es lo que hace Isaí Omega: tiene pintura, fotografía e ilustración; aunque rara vez presenta una cosa a la vez y sus piezas gráficas son más bien combinaciones oníricas de dos o tres disciplinas. En 2021 presenta Cama de piedra, una serie de fotografías digitalmente manipuladas que estará en exposición en el Museo Sebastián a partir del 22 de abril. Dos cronistas de la escena chihuahuense nos cuentan al respecto.

Oncología urbana

Por Guso Macedo Pérez

Cuando se habla de urbanismo es fácil caer en el lugar común de que las ciudades son seres vivos que nacen, respiran, sienten y crecen. Aunque no por trillada la aseveración deja de ser cierta: las ciudades realmente son organismos, y como tales también desarrollan grotescas malformaciones y les nacen esos viscosos apéndices de crecimiento descontrolado que son los tumores.
A partir de sus ensayos visuales, Isaí Omega nos enfrenta a los puntos incómodos de la ciudad de Chihuahua, esos brotes que preferimos no ver donde la necesidad del sector de la sociedad que menos tiene y la avaricia del que más convergen en un mismo resultado: la degeneración urbana.
Casas sobre casas sobre casas, tratando de meter a cuantas parientes se pueda en un terreno de diez por diez; gasolineras y franquicias en cualquier rincón que soporte una fila de clientes, vialidades que por las alturas conectan un punto donde no hay nada con otro donde tampoco hay nada y llanos que parecen yonques. Las maquilas, los Oxxo, las esculturas de Sebastián, las gasolineras, el infona, Ávalos y Distrito 1: Isaí Omega captura y manipula las estructuras que nos rodean y las usa para señalar las carencias, el mal gusto, la corrupción y la latente idea del progreso que pudren a nuestra bellísima ciudad, los cánceres de Chihuahua.

Viviendas de desinterés social

Por: Jesús Hernández Olivas

Yo salía del Oxxo con caguamas en mano. Un joven bajaba de su automóvil: modelo viejo, casi pura carrocería sin pintura, cargado de material de la albañilería. Los dos escuchamos el estruendo: golpes secos, uno detrás del otro. Aquel muchacho casi se tira al suelo del susto. Sólo eran unos tablones que alguien descargaba desde un camión. Risa nerviosa.
–¡Híjole! Qué susto. Es que allá donde vivo así se escucha todos los días, pero no son tablas, son otra cosa…
–¿Dónde vives?
–Punta Oriente.
Punta Oriente es uno de esos fraccionamientos llamado de “interés social”, ubicado en la periferia de la ciudad de Chihuahua, en el extremo este, a sólo un par de kilómetros del aeropuerto internacional. A pesar de estar tan cerca de un lugar emblemático para la conexión económica de Chihuahua con el extranjero, Punta Oriente es uno de esos lugares olvidados por las administraciones gubernamentales, amontonaderos habitacionales muchas veces carentes de servicios de drenaje, salud, educación o centros de trabajo cercanos.
Personas que habitan aquí, tienen que tomar hasta cuatro camiones urbanos al día para hacer trabajo doméstico o de albañilería en lujosos residenciales en el otro extremo de la ciudad. Al estar fuera de casa durante casi todo el día, padres y madres de familia dejan a sus hijos encargados con parientes, vecinos o incluso solos al cuidado de un hermano mayor; esto en el mejor de los casos. La otra parte de la historia son aquellos jóvenes que desde edad temprana se involucran en grupos del crimen organizado que dominan la zona para la venta y hasta fabricación de drogas sintéticas.
Se trata de un esquema habitacional en el que viven las personas en Punta Oriente (muchas de ellas migrantes e indígenas), que se repite a lo largo de la periferia urbana, en un claro modelo de construcción y abandono del que sólo sacan provecho unas cuantas personas. Los dueños de estos fraccionamientos son incluso funcionarios de alto nivel que lucran con la especulación de terrenos y pactan con constructoras para después olvidarse de las humanidades que ahí intentarán hacer una vida. Fraccionamientos de desinterés social.
Estos laberintos de miseria humana, así como sus lujosas antípodas residenciales, son quizá la esencia sobre la que descansa Cama de piedra, la más reciente serie fotográfica del artista visual Isaí Omega. A partir de una combinación de fotografía y composición digital, Isaí encuadra retorcidas unidades habitacionales repetidas hasta provocar una sensación de asco en quien las mira. Sobre el proceso creativo, su autor afirma:

“Lo incómodo, quizá, podría ser que muchas obras que manejan el término ‘manipulación digital’, van más en sentido fantástico, onírico y demás. Y lo mío ahorita se inclina poquillo más a la narrativa y el proceso. […] De hecho, cuando planteo un proyecto para becas, lo menciono como ‘fotografía digital’ en lo general, y menciono la composición digital en lo particular. Porque luego creen que nomás agarro fotos que me voy encontrando en internet para hacer mis paisajes y no es eso”. Esta no es entonces una manipulación de la realidad, sino la composición que ésta exige a quien mira atento.
En la incomodidad de una Cama de piedra, recordamos que tampoco fuera de la fotografía queremos voltear a ver estos lugares sin forma, abandonados en la periferia, repetidos infinitamente; a veces a medio construir, con los ladrillos expuestos como entrañas, en una obra negra permanente que es una promesa para sus habitantes: “Algún día, cuando esto vaya mejor, vamos a terminar el cuarto de los niños”.