Desde la escuela del resentimiento

La escuela del resentimiento es el segundo libro de Jesús Hernández Olivas. Aquí dos apuntes al respecto.

Parte 1
Por Guso Macedo Pérez, @cronicadeguso

Cuando en 2013 leí Autos usados, la sórdida y contemplativa novela de Daniel Espartaco Sánchez, me sorprendió que en la narración se mencionaran como si nada calles, bares y centros nocturnos, paradas de camión y maquilas de la ciudad de Chihuahua. Me percaté entonces que no muchas historias se presentaban desde mi ciudad, quizá nada más en libros históricos. Pero las historias sí suceden y no solamente frente a nosotros, sino que somos parte de ellas.

La escuela del resentimiento de Jesús Hernández Olivas es un documento que captura historias que suceden en Chihuahua. Etiquetar el ejercicio es complejo. La propia solapa del libro dice que es un híbrido entre la crónica y el ensayo. Y no es nada más el género de los textos lo que tornasola la obra, sino que en ellos Jesús Hernández se mueve como si nada de lo objetivo a lo subjetivo, caminando por las calles de nuestra ciudad y dándonos los datos siempre digeridos por sus reflexiones. Es como meternos al soliloquio mental de un tipo que ha estado en muchos lugares y que además conoce mucho sobre esos lugares.

Todos somos muchas cosas y somos esas cosas al mismo tiempo. A veces cuando nos consultan algo solemos responder que si quieren nuestra opinión como ingeniero o como padre de familia, como diseñador o como cliente, como si al ser una cosa dejáramos de ser las otras. Jesús Hernández es escritor y es músico y es cinéfilo y es activista y es muchas otras cosas más. En La escuela del resentimiento visitamos con Jesús –con todos los jesuses que son un jesús al mismo tiempo– los toquines de Chihuahua, las salas de ensayo improvisdas, los cines y los lugares donde solía haber cines, los sitios donde periodistas y activistas han muerto, los sitios de Chihuahua donde han pasado y donde pasan cosas. Aquí está el testimonio, con los nombres de los protagonistas, de los creadores y los destructores, de los que inspiran y los que repugnan.

En la presentación del libro, Jesús dijo que el resentimiento es algo bueno, que lo necesitamos, que es una energía igualmente poderosa y válida como otras para ponernos en movimiento. No lo estoy citando textualmente, sólo comparto lo que recuerdo de esa parte de su elocuente charla.

¿Quién debería leer La escuela del resentimiento? Tú. Quizá eres de Chihuahua y entonces encontrarás lugares y personajes que son parte de tu vida. O quizá eres músico, escritor, periodista o activista y entonces encontrarás reflexiones sobre tu trabajo. O quizá simplemente eres parte de la raza humana y entonces encontrarás historias conmovedoras y profundas sobre otros seres humanos que como tú deben tomar decisiones y asumir posturas todos los días.

Ilustración por Isaí Omega. @is_omega.

Parte 2
Por Isaí Omega, @irritalin
(Texto leído en la presentación del libro)

Jesús Hernández Olivas presenta un nuevo prófugo de sus ideas más biliares: La escuela del resentimiento, su segundo libro publicado que hoy emigra del disco duro para por fin volver a la colectividad de la cual surgió.

Quizá necesitemos una gender-reveal party para lograr conocer el género de esta breve pero sustancial obra literaria.

Con bilis en mano y la pluma caliente, Jesús se convierte en un heraldo que recoge íntimas fracciones de la abrumadora cotidianidad de la que todos fuimos testigos, durante esa ola violenta que sacudió nuestra vida y que lamentablemente tomó la de muchos otros. Para luego, con la sensibilidad que le caracteriza, volver desde un Monte Sinaí que se encumbra en la nostalgia, la rabia y el resentimiento, con este ejercicio literario catártico y sanador bajo el brazo.

Aunque la saliva del autor se espesa al gritar sin parar, su voz nunca deja de ser reflexiva. Bajo la jerga literaria, este libro es un convenio entre el ensayo, la crónica urbana y la crítica cultural. Y sí, descaradamente le coquetea a la idea de convertirse en una completa vociferación pero opta por la desnudez y honestidad de la memoria.

Entre balazos, aracles y cervezas, con nuestra ciudad como común denominador, La escuela del resentimiento registra parte importante sobre tres acontecimientos diferentes: la música independiente, el cine y los medios de comunicación. Pero lejos de llevarnos a una atalaya donde alcanzaremos a ver cada punto de la ciudad, nos transporta más bien a sus rincones y recovecos.

Cada texto es impredecible, pero siempre preciso. La nitidez narrativa en cada página, puede ponernos pecho a tierra a media balacera para luego dejarnos en el calor del aferrafter dosmilero. En su voz se amplifican momentos de la música local, muchos fugaces, pero todos trascendentales. A media lectura ya se siente la cara calientita por el rubor del alcohol y la nostalgia. Cada hoja que pasa es un peso más a la memoria que revive entre anécdotas y reencuentros. Se vale hacer una pausa.

La mía fue un paréntesis donde pude recordar esa efervescencia creativa de la que somos parte. Esa espuma que brota desde el hocico de este titán herido del norte llamado Chihuahua.
Volvemos a la lectura, que con sagacidad corta las nubes de polvo y nos recuerda que ese cine donde alguna vez vimos Titanic y los Power Rangers, hoy es una iglesia y quizá mañana sea un picadero.

Desde sus letras se desbocan reniegos y visceralidad pero también una lucidez y sensibilidad admirables; entre líneas, se murmuran varios nombres que crecen hasta ocupar nuestra cabeza: Miroslava Breach, Marisela Escobedo, Paty Mayorga, Vivian Abenshushan, Andrés Murillo, Bieno Jiménez, Luis Safa, Terrea Urrea, y muchos otros que coinciden en una nueva y honesta rotonda de personas ilustres, cómplices de la fertilidad en este árida provincia.

Sin más, quiero terminar, citando a Jesús:

¿A los cuántos libros debemos comenzar a leer un autor? Si es, digamos, a los tres o cuatro como mínimo, tendremos que dejar de leer de una vez y para siempre, por decir cualquier idea inocente, a Juan Rulfo, al menos hasta que se reporte con una nueva novela que se venda bien. Y para que se vendiera bien, Rulfo tendría que tomarse algunas selfies haciendo una simpática cara de pato o subir una storie de su proceso de escritura. Dejemos, pues, que descanse entre los muertos de sus textos, que con mucho esfuerzo escribió esas páginas como sepultura.
Si muero mañana, ya valí madre, pienso inevitablemente en la melancólica inercia de publicar estas y otras palabras que andan regadas por ahí en libretas. Si muero esta noche, por ejemplo, este texto adolecerá de la inexperiencia y, sobre todo, de no haber encontrado a un agente editorial que las hiciera válidas ante el mercado.

Jesús Hernández Olivas en La escuela del resentimiento.

Así pues, recibamos con aprecio este libro, que de nuestra memoria colectiva partió y a nuestra colectividad ahora regresa.

La escuela del resentimiento

La escuela del resentimiento de Jesús Hernández Olivas puede descargarse gratuitamente en formato digital desde el sitio del Programa Editorial Chihuahua. Para ejemplares impresos, escríbenos a las redes sociales de Circuito Norte y podemos contactarte con el autor.