¡Chiquitita!

Soy una mujer de 25 años que camina por las calles de la ciudad de Chihuahua, lo que significa que he vivido en oídos propios el famoso “cat calling”. Seguramente has escuchado el término en algún artículo de buzzfeed, verne o páginas similares e incluso, muy probablemente, te has indignado ante esta demasiado común actividad.

He leído mucho sobre el tema y, más importante todavía, lo vivo a diario cada vez que como mujer me atrevo a poner un pie fuera de mi departamento, trabajo o áreas consideradas “seguras”, nótese el énfasis en esta última palabra, la cual ya no describe a los espacios públicos, si es que alguna vez lo hizo.

Un buen día me quité los leales audífonos y al pasar el tiempo empecé a notar un patrón dentro de los gritos, en los cuales noté que varias palabras se repetían: “princesa”, “mija”, “chiquita”, “bebé” y “mami” fueron las ganadoras. ¿Qué tienen estas nacadas en común? Dejando de lado el último término creepy, todos los demás hacen referencia a infantilizar a la mujer: hacerla pequeñita.

Varios factores se suman para cumplir con el objetivo: intimidar a la pobre incauta que pensó que existir le garantizaba respeto. Porque, seamos honestos, ¿qué más se supone que el cabrón va a ganar? “Conocí al amor de mi vida cuando me chuleó las nalgas en la calle”, dijo nadie, nunca.

Entonces, el tono de voz (grito), la sorpresa (sospechas que va a pasar pero no sabes cuándo), el contenido (nacadas) y la movilidad (las personas no permanecen juntas, ya sea que tú vayas caminando y pases a su lado, se topen o él vaya en un vehículo), hacen un co co co combo perfecto para arruinarte el día.

Estoy segura de que las mujeres que están leyendo este texto están recordando vivencias propias, así como las de sus amigas, familiares y conocidas.