Tres consejos cognitivo-conductuales para sobrevivir el clima de Chihuahua

Sobrevivir al clima de Chihuahua va más allá de usar la ropa adecuada, hidratarte congruentemente o evitar salir al aire libre en determinados momentos. Sobrevivir a este clima esquizofrénico requiere trabajos internos tan importantes como difíciles. A continuación te ofrezco tres consejos que, sin duda, te ayudarán a sobrellevar esta inclemente vida chihuahuense.
1. Constrúyete una identidad climática: Ante todo, debes ser lo suficientemente honesto contigo mismo y tomar una postura ante el mundo. Al ser de Chihuahua no puedes ser tibio, porque a los tibios Dios los vomitará de su boca y, como bien debes saber, la única tibieza que existe en Chihuahua es la de septiembre, cuyas lluvias nos hacen sentir a los depresivos en Londres, a los hipsters en un suburbio de Oregon y a las señoras católicas en una villa de Bosnia y Herzegovina donde se aparece la Virgen. De allí en fuera, Chihuahua oscila caprichoso entre ser una caldera y un congelador. Para sobrevivir a estos extremos tenemos que construirnos una identidad climática fuerte, incansable y, ante todo, orgullosa. Si decides que te gusta más el calor, cuando sea invierno debes convertirte en un aguafiestas intragable que tiemble y se queje en todo momento de esa aberración climática. ¿De fiesta con tus amigos en alguna terraza? Rechina los dientes y quéjate como si el mismísimo Diablo te arrancara las uñas de los pies con unas pinzas. Si has decidido ser un partidario del frío, procura convertirte, durante el verano, en la persona más insoportable del mundo, menciona lo infeliz que te hace el sudar mucho, asquéate de los balnearios y la carne asada, en fin, conviértete en eso que más odias. De lograr construir esta identidad climática, por lo menos, cuando llegue tu estación favorita, no considerarás el suicidio como una vía de escape
coherente y eficaz ante las inclemencias climáticas de Chihuahua.

2. Esto también pasará: Voy a contar una historia. Una vez esperaba a una amiga en la Plaza Mayor. Corría la mitad de junio y no había sombra. Sudaba y pensaba en las cosas que he hecho mal en mi vida, en la gente que he lastimado, en todo lo que hice para merecer vivir en un lugar donde el calor de verdad te convierte en una bestia. Mi amiga me plantó y, cuando estuve a punto de sufrir una crisis de ira, dos chicos se me acercaron, me dieron un folleto de un centro de yoga y una tarjetita que decía “esto también pasará”. No creo en el yoga y la plástica pasividad de los budistas institucionales me desespera. Siento también un profundo desprecio a todas las frases hechas que te quieren hacer pensar que el mundo es un lugar bello y hermoso. Pero ese día, estando a 40 grados, empapado en sudor, leí la frase y sentí cerca el peligroso aroma a monóxido de las calefacciones que ponen en los patios de los bares, escuché los villancicos grabados en 1992 que siguen poniendo en los centros comerciales, pude saborear el té de canela que hace mi madre en su casa. Sin rastro de ira, hice una reverencia a los sonrientes budistas y fui a comprarme un helado. Esto también pasará.

3. Evita ser un imbécil: No hagas mala publicidad. Sí, en Chihuahua hace un calor espantoso, pero ni de lejos se compara con el de Hermosillo (a quien debo agradecerle mi primer y único golpe de calor, en la explanada de la Escuela de Letras, rodeado de muchachas guapas. Qué vergüenza) y el frío, sí, es un frío que difícilmente encuentras en otras regiones del país, pero estoy seguro que la gente de Ciudad Madera siente el frío de la capital como un día de campo. A lo que quiero llegar es a lo siguiente: el sobrevivir con 40 grados o seguir teniendo extremidades luego de una tormenta invernal no te hace mejor persona, así como no te hace mejor persona el hacer yoga o escribir para una revista. Cuando estés en la Ciudad de México un día lluvioso de julio y veas a tu amigo enfundado en una gruesa chamarra, no te burles de él, no te sientas mejor que él, no creas que has conseguido un nivel de supervivencia más grande que el resto. Él, para no hacer el cuento más grande, vive en la Ciudad de México y vive todo lo que eso significa; puede darse el lujo de vestirse como explorador de la Antártica estando a 17 grados. Lo único que consigues presumiendo una falsa superioridad de adaptación climática es verte como un imbécil.

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