Re-conociendo el corazón de México en Francia

Colaboración por Alicia Leos (alilè), una chihuahuense en París

Mi historia con Francia comienza cuando decido viajar de mochilazo por Europa en el año 2002; en ésa época era estudiante de la carrera de ciencias de la comunicación en la CDMX. Llegué a París y me atrapó. Duré un año estudiando el idioma y la civilización francesa en la Sorbona mientras me enamoraba de la ciudad, del amor y de un francés. Para ganar mi vida era fille au-pair, o sea, niñera. Sin embargo mis estudios no tenían valor curricular y si bien lo aprendido, -así como lo bailado- nadie te lo quita, decidí regresar a mi natal estado de Chihuahua en 2004 para acercarme a mi familia, revalidar y concluir la carrera que había iniciado en 1998. Fue así como por fin concluí mi profesión de comunicóloga, egresando de la Universidad Regional del Norte (URN) en 2005. En la ciudad capital del estado grande trabajé como periodista hasta 2008, año en que, ya casada y con nuestra primera bebé franco-mexicanita (ahora tengo otro hijito varón nacido en París) volvíamos en familia a instalarnos de nuevo a los suburbios de la Ville Lumière. Sigo atrapada en esta ciudad, añorando siempre poder volver.

México se puso de moda en el país galo en 2016, año oficial del país del tequila en territorio del champán. Cuantiosas manifestaciones culturales y artísticas fueron puestas en escena, pero sin duda la de mayor importancia fue la “Exposición del México de los años 50” que pueden visitar virtualmente por aquí:   EXPO-MEXIQUE 1900-1950.

La magna exposición estuvo anunciada  con bombo y platillo desde el verano del año pasado. Se inauguró el 5 de octubre y finalizó en enero de 2017  en el Grand Palais, de la ciudad de París. La campaña fue monstruosa: espectaculares con fondo de Diego Rivera y Frida Kahlo invadieron durante más de tres meses la mitad de los espacios publicitarios del metro y de las calles parisinas. El marketing funcionó perfectamente, cientos de visitantes se reunieron en el Gran Palacio parisino, un hermoso edificio muy valorado y reconocido por su majestuoso techo de cristal que data de la “Exposición Universal de 1900”.

En mi caso, aún y cuando moría de ganas de visitarla, me ganó madame procrastinación, eso que sabes (piensas) que tienes “mucho” tiempo y lo dejas pasar. Casi cometí el error de no ir ¡Pero terminé yendo el último día! Y bueno, dicen que más vale tarde que nunca y creo que dicen bien, porque viviendo tan cerquita de París hubiera sido verdadero sacrilegio perdérmela.

Si algo pude constatar es que nuestro arte en Europa tiene gran aceptación y que  mostrado con toda la mano se convierte en un éxito absoluto. Y digo con toda la mano debido a que fue un proyecto subsidiado por el Gobierno de México,  la Secretaría de Cultura, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y el Museo Nacional de Arte y obviamente con la recepción del Grand Palais.

Por otro lado, es alucinante comprobar la pasión que continúa desatando Frida y su arte. Es como si representara a una  deidad o una musa mexicana, un ente sagrado internacional que admiran y veneran casi o tanto como en su Casa Azul de la CDMX.

Disfruto muchísimo las visitas a los museos, pero esta expo temporal en  que tuve la dicha de asistir fue diferente. Fue como comulgar con grandes genios del arte plástico mexicano de mediados del siglo pasado. Con muchos de ellos tan conocidos como la misma Frida o su amor Diego Rivera, de quién, por ejemplo, aunque ya había visto innumerables veces la imagen de la “Vendedora de Alcatraces” me conmovió hasta el tuétano ver el cuadro original por primera vez.

La emoción se multiplica al saber que lo largo de 3 meses las plazas fueron agotadas a diario con precios fluctuando desde 1€ para niños y adolescentes, 10,50€ los desempleados hasta 14,50 € para el público en general o sea, nada barato. Fueron filas y filas de gente esperando su turno a lado de Campos Elíseos, cosa que sería completamente banal de no haber sido por la temporada invernal un poco cruenta por la que hemos atravesado. A mí me tocó esperar unos 15 minutos afuera del Grand Palais a unos menos 3 grados, pero con todo y guantes, aún así casi se congelaban los dedos.

Una vez dentro del recinto el frío se iba poco a poco disipando al calor de mexicanisimos y lúdicos colores de un mundo exótico desconocido y  en mi caso, a la vez tan familiar.

El último día se hablaba de una cifra aproximada, calculaban más de 200 mil visitas de todo el mundo, quienes descubrieron un México de basta y genuina cultura híbrida a través de imágenes. Mucho de nuestras nuestras tradiciones ancestrales estaban ahí plasmadas. Desde el mestizaje, pasando por la Revolución Mexicana, la modernidad del estridentismo, los surrealistas, los post-modernistas de mediados del siglo pasado hasta llegar a las innovaciones de los contemporáneos.

Ahí pudimos ver evidentemente a muchos conocidos como David Alfaro Siqueiros, Vasconcelos, Leonora Carrington (mi preferida), José Guadalupe Posada y José  Clemente Orozco, pero nunca había escuchado ni visto nada sobre Alice Rahón, Abraham Ángel Card Valdés, Fermín Revueltas, Rosa Rolanda, Fermín Revueltas, Antonio Garduño, Ezequiel Negrete Lina, Manuel Álvarez Bravo, Ramón Cano Manilla, Jorge González Camarena, Francisco Eppens o José María Jana.  Una maravilla poder conocer y apreciar tanto talento, tantas corrientes artísticas y técnicas diversas de mi México a la distancia.

Y si bien me gustaría conocer más sobre artes plásticas para poder ahondar más en el tema, creo que en arte no es necesario ser un especialista en pintura para sentirse invadido por una sensación fascinante y percibir cómo nuestras raíces maravillan y engrandecen nuestro pueblo mexicano. He de confesar que a pesar de tener 9 años en tierras galas, ¡continúo conociendo descubriendo cada vez más a mi México a la distancia! Ni siquiera cuando vivía en la Ciudad de México hace ya muchos ayeres, conocí o aprendí tanto sobre el arte mexicano y nuestras tradiciones como he podido conocer y descubrir viviendo en Francia.

Originaria de Cuauhtémoc, puedo decir como como chihuahuense viviendo en Europa, que me siento orgullosa de mis raíces. Estoy muy honrada de haber obtenido mi licenciatura y ejercido unos cuantos años en la ciudad de Chihuahua porque gracias a esas experiencias he tenido la oportunidad de trabajar y estudiar en Francia. En 2010 Obtuve la validación francesa de mi título profesional de la URN y con ello pude estudiar un postgrado en la Universidad Paris XII, donde el año pasado concluí 2 años de la Maestría en Letras contemporáneas, con especialidad en “oficios de la comunicación”. Ahora sé que continuar preparándose siempre y trabajar honradamente son sin duda las premisas que nos inculcan en nuestra tierra bendita que es Chihuahua.

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