No se dice estuata, se dice menumento

Cuando yo gobierne Chihuahua mandaré a techar toda la ciudad porque ya no aguanto el calorón. Además, haré réplicas de la Quinta Gameros en cada punto cardinal para que las quinceañeras tengan más escenarios donde fotografiarse; cambiaré el monumento de Pancho Villa por una estatua de He-man cabalgando a Cringer y demoleré la Casa de Juárez para poner una pista de patinaje aunque yo no sepa patinar. Por último, les prometo que convertiré el Museo Casa Chihuahua en una plaza comercial porque siempre necesitamos nuevas plazas comerciales, aunque en todos sus locales se vendan únicamente letreros de “se vende”.


¿Por qué? ¿Y por qué no?

Si un exgobernador tan sólo necesitó de 2 millones de pesos para mutilar un pedazo del patrimonio histórico de la nación y construir un balcón capaz de sostener todo el peso de su ego. Incluso, por su mente, quizá un tanto confundida por estar tan expuesta al sol, pasó la idea de mudar el mausoleo de Villa a un lugar más cerquita de su oficina.
¿O se acuerdan del exalcalde que creyó que era buena idea hacer del tradicional Parque Lerdo un estacionamiento? Porque, claro, requerimos más espacios para automóviles y menos áreas verdes. Por suerte no se consumó, si no se hubiera convertido involuntariamente en un balneario público cada vez que llueve.
Y cómo olvidar aquellos días en los que la Rotonda de los Hombres Ilustres no era más que la covacha de las escobas ilustres, pero pusieron un mojigato grito en cielo cuando activistas grafitearon con gis aquella reconocida efigie donde solemos festejar los triunfos de la selección mexicana.
Podríamos citar más ejemplos en los que las estatuas, los monumentos y la arquitectura patrimonial pierden su sentido histórico y estético, para convertirse en moneda de cambio de la clase política. Figuras meramente ornamentales tan abstractas como las reformas que proponen o monumentales elefantes blancos que equivalen a la torre de Babel de cada partido que terminan cayéndose como los muros de Jericó al grito de la demanda popular. A fin de cuentas, pretextos para los caprichos más extravagantes de la gente en turno en el poder.

Espero que tantas “pedradas” al menos les alcancen para cubrir con esculturas todas sus propuestas de campaña.

Pero bueno… espero no falte mucho para que yo pueda gobernar Chihuahua y resolver las exigencias sociales, tales como el colapsado sistema de transporte público, la cobertura de servicios básicos y la seguridad en las calles, con corredores escultóricos y estatuas mal proporcionadas, no sólo en sus dimensiones, si no en el tamaño de sus costos comparados con el de su trascendencia y calidad artística. 

¿Por qué? ¿Por qué no?