Javier Corral ya no es cool

¿Recuerdan ese cliché del cine y la televisión en donde un chico abandona su esencia y a sus amigos geeks para ser parte de los populares, solo para darse cuenta de lo vacío que es su mundo? Lo mismo sucede cuando los candidatos pasan a ser funcionarios o gobernantes, y no porque tengan una epifanía al llegar al puesto, sino con la percepción que como pueblo tenemos de ellos.

silvia-pinal

Tenemos a un muchachx –porque hay que ser incluyentes– que sueña con trabajar duro para que Tangamandapio, su pueblito natal, alcance la prosperidad. Sus coterráneos se contagian de su entusiasmo y lo apoyan para que logre su meta alegando que él sí “es el mero bueno”, “el que sí va a cambiar las cosas”, “el es diferente”. Obviamente no lo es y no es su culpa, es un sujeto x al que el resto de las personas le asignaron una cualidad mesiánica para salvar el mundo de todo lo malo, al no suceder esto, porque el poder de nuestro chico hipotético es limitado, cae del cariño de la gente más rápido que una lady de internet. Los ahora decepcionados votantes ahora lo desprecian por haberse maleado y adaptado culpandolo de todo lo malo y feo del mundo.

El ciclo continúa y se prolonga una vez que el periodo del chico imaginario está por terminar, cuando el pueblo ha achacado a otro la esperanza de ser quien vendrá a hacernos a todos bellos y felices. Esto sucede en todos los niveles, desde el jefe de grupo de 3A en la secundaria hasta el presidente del país.

Estamos tan esperanzados en que alguien llegue de la nada y cure todos nuestros males que le colgamos características sobrehumanas que al no realizarse se transforman en la peor ofensa.

Javier Corral, flamante gobernador del estado de Chihuahua, disfrutó de una campaña exitosa en la que los ciudadanos vieron al superhéroe que llevaría a César Duarte a Arkham. Es divertido ponerse la camiseta de un candidato y subir tu foto a Facebook en un rally, pero tuitear a favor del gobernador no, “qué oso, ha de querer hueso”.

También te podría gustar...