Fue fácil entrevistar a Jesús Carmona-Robles sobre su último libro

El poeta chihuahuense Jesús Carmona-Robles publicó en 2018 su tercer libro de poemas, titulado Es fácil y editado por Montea. Lo presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y todo, pero la verdad estuvo más padre la presentación que se hizo en el bar Gabba Gabba de Chihuahua.

Le invitamos a Jesús dos Carta Blanca y un paquete de carne seca La Haciendita para platicar sobre sus poemas, sus viajes, las letras chihuahuenses y el rock local.

Todo lo que escribo es para alguien y busca, de la manera más descarada y bruta, provocar algo en alguien.

Jesús Carmona-Robles

Considerando que Es fácil es claramente narrativo, ¿por qué elegiste la poesía como formato?

Siempre he tenido la idea que toda literatura es un pretexto más que usamos para satisfacer nuestra necesidad de contar historias. Creo que la poesía, en su compactación, representa lo más concentrado del lenguaje. No sé si sea “lo más puro”, pero sí su máxima expresión de poder y contundencia. He estado muy obsesionado con un escritor estadounidense que se llama Ben Lerner y me gusta cuando dice que la poesía “es ese espacio donde cada partícula del lenguaje está cargada con el significado más poderoso”. Esa es, yo creo, la única distinción que hago entre la poesía y los otros géneros. Fuera de eso, el escribir es sólo otro impulso del ser humano para contar historias. A mí me gustan las cosas contundentes y poderosas, pero soy muy malo manifestándolas o creándolas, soy muy malo apropiándomelas o compartiéndolas en mi vida diaria, y por eso me gusta escribir poesía: es mi pretexto para significar algo en esta cosa enorme y rara que es estar vivo. Y el poema narrativo es ese espacio donde más me siento cómodo, porque para mí, al momento de escribir, si la poesía no tiene un significado hilvanado y claro, no me interesa. Demasiadas cosas inexplicables hay en el mundo como para hacer de la poesía otro candado u otro acertijo.

Prefiero también el poema narrativo porque me permite comunicarme. Todo lo que escribo es para alguien y busca, de la manera más descarada y bruta, provocar algo en alguien. En general soy muy malo con las palabras. Creo que las palabras son la composición de la naturaleza más extraña que existe y existirá, y desde niño me ha sido muy difícil comunicarme “tradicionalmente” con las personas. La poesía es ese espacio donde puedo tener los pantalones para decir cosas. Eso me gusta. Me hace sentir bien.


Es fácil se acomoda en tres secciones vinculadas a tres lugares, ¿los poemas fueron escritos en esos lugares o a partir de experiencias en esos lugares? ¿Consideras que fueron influencia o son marcos de referencia?

Cuando se me ocurrió la idea nuclear de Es fácil fue un momento muy bonito, porque precisamente es un libro en donde busco con mucha desesperación no hablar de otra cosa que no sea el cambiar. Mi padre es alcohólico y eso me permitió entender o creer que una de las cosas más cabronas que puede hacer un ser humano es, precisamente, cambiar. Nos rehusamos al cambio de una manera animal, primitiva, instintiva. Romper ese paradigma es algo que yo aplaudo y es algo que yo en ese entonces buscaba, porque estaba enormemente disconforme con lo que era. Los tres países que retrato en Es fácil son tres países donde he estado y donde ese deseo de cambiar me agarró a chingadazos diciéndome “¿Ah sí? ¿Quieres eso? Pues va”. Pero luego, al estarlo escribiendo y trabajando, me di cuenta de otra cosa: el ser humano es hermoso y único porque es una particularidad en el universo; es el único ser vivo que está consciente de sus contradicciones. Darme cuenta de eso fue, como decía, un chingadazo en la cara bien dado… pero al final lo agradezco. 

Los poemas que escribí en España fueron como una terapia de choque, porque los que aparecen en el libro son poemas que tenía archivados, almacenados por todas las razones que tú quieras. Al sacarlos y trabajarlos me dije “No mames, ¿de verdad en ese entonces había personas que me querían?”, y dolió, mucho, y está bien. 

Luego, la sección de Venezuela, que fue donde prácticamente escribí y corregí el 80 % del libro, fue como cuando te quedas solo en la oficina luego de que acaba la jornada laboral pero tú tienes que seguir trabajando, o como cuando se acaba la fiesta que hiciste en tu casa y tienes que limpiar el cagadero, o como cuando eras niño y tus papás no volvían a casa pero realmente eso te gustaba. Vivir en Venezuela fue un milagro muy cabrón. Si Dios existe, debe ser alguien con mucho sentido del humor. Así se iba a llamar el libro en sus primeros borradores, y es lo único que me pasa por la mente cuando pienso en el tiempo que estuve allá. Igual y luego le cambio el nombre.

La sección de Ciudad de México y Chihuahua es una trampa muy noble que hice, porque son poemas que le dan sentido al título del libro. Realmente es fácil estar vivo, lo difícil es no ser una mierda con los demás; no ser mezquino, patán, hipócrita, mentiroso. Eso está cabrón, pero eso también es vivir. No sé. Déjenme tener 50 años, releerlo y entonces les respondo con un poquito más de coherencia.


Si compararas tus tres libros con álbumes de The Beatles, ¿cuál sería cada uno y por qué? No se vale usar el argumento del orden cronológico.

Creo que esta es la mejor pregunta que me han hecho respecto a mis libros. Gracias. Está cabrón. El primero, TOS (ICM-CONACULTA 2013) sería como el A Hard Days Night, porque es el peor disco de los Beatles, pero no por eso es malo: lo hicieron con la ingenuidad de quien cree saber lo que se está haciendo. TOS lo escribí sin tomarme todavía en serio el hecho de que la gente puede sentarse a escribir y luego eso se pueda publicar, porque no me lo creía. Creo que los Beatles hicieron ese disco porque podían; yo escribí ese libro porque había una convocatoria de publicaciones, y pues lo hice.

Poemas para ahuyentar a Satán (El Gaviero Editores 2015) sería el pinche Abbey Road, no por ser tan bueno como el Abbey Road, sino más bien porque, como los Beatles, en esa época me estaba cargando la chingada: hice muchas cosas muy idiotas, lastimé a mucha gente, me lastimé mucho a mí mismo. Era, en ese entonces, aún más patán, aún más narcisista y aún más idiota. Lo escribí porque gente que confiaba en mí me insistió con mucho amor en escribir un libro, y creo que todos, hasta un pendejito de 23 años, se doblega cuando alguien te dice “Creo en ti”. El resultado fue un libro en el que hubo muchísimo trabajo, creo que nunca, hasta la fecha, en todo lo que he escrito, he puesto tanto trabajo mental en un libro. Para no decepcionar, yo creo. Eso me gusta ahora. Y el Abbey Road es un disco que está trabajado, producido, grabado y compuesto con muchísimo sentido de cálculo y exactitud… una competencia entre John y Paul, imagino. No sé.Y Es fácil (Editorial Montea 2018), mi último libro, no lo sé. Todo lo que escribo son libros de viajes, no necesariamente geográficos, lisérgicos o espirituales. Son libros donde documento cómo cambio, cómo dejo de ser una persona para ser otra. Si te digo que es el Sgt. Pepper (por todo este pedo del viaje y de cambiar y todo eso…) sería un despropósito y una manifestación de soberbia que incluso a mí me sobrepasa. Voy a romper la regla de la pregunta y les diré que Es fácil es una mezcla entre Charlie Palmieri, Jason Molina y Gay Duo. Perdón.

¿Qué escritores de Chihuahua te gustan?

Me gustan los escritores que todavía no han publicado nada. Incluso, en algunos casos, un poco más que los que ya tenemos cosas en papel. Luego, tener libros publicados te hace creer que es fácil subirte a un pedestal donde puedes jerarquizar la calidad de lo que escribe la gente que no tiene un libro, sólo por el hecho de no tener un libro. Eso es idiota e innecesario, por lo menos para mí. Por decirte nombres de personas que no tienen su pepita de oro y aluminio que es un libro: Uriel Galaz, Adriana Delgado, Octavio Híjar y Omayra Garcés.

De los que ya estamos mamando la leche y miel de la gloria editorial, podría decirte que me emociona más lo que están haciendo las morras que lo que están haciendo muchos escritoros. Quizá es problema mío porque, de gente que conozco, sólo leo poesía y eso limita mucho, pero por lo menos la poesía escrita por mujeres chihuahuenses me parece más honesta, contundente y necesaria que la que escribimos muchos hombres. Aniela Rodríguez, a pesar de sólo tener un libro de poesía publicado (creo), siento que es la poeta más cabrona que tiene el estado. A Ruby Myers la conocí hace poco en un encuentro de escritores y lo que hace me conmovió mucho, porque además de ser muy bueno, es algo que hace porque quiere, y no porque lo necesite. Muchos escritores nos hemos apropiado, de manera muy inmadura y boba, del hecho de escribir como un salvavidas profesional: a Ruby le vale madres, ella escribe porque lo necesita, y aunque eso suene a lugar común, en verdad es raro. Alejandra Torres igual, su poesía es un lugar fresco y nuevo y necesario . Leí hace poco un libro de cuentos de Janeth Margarita (no sé cómo se apellida) y me pareció mil veces mejor que muchos libros que andan por ahí moviéndose entre la gente que tiene cierto poder editorial. Y muchas, muchas escritoras más.


¿Crees que hay un movimiento literario en la ciudad de Chihuahua?

No. No existe y hace años que no existe. Para mí, hay cuatro formas en las que se puede crear un movimiento literario. Desde la academia, desde la iniciativa privada, desde el Estado o desde la organización social. Ninguna de esas está ocurriendo en Chihuahua, y si ocurre, es a un nivel inoperante en el sentido de “movimiento”. Esto no quiere decir que no exista mucha calidad en la ciudad o el estado, porque la hay. La universidad está ahora cooptada por un sistema que no le permite a los estudiantes organizarse desde lo creativo y que así, desde lo creativo, se puedan desarrollar profesionalmente. Antes ocurría, recuerdo que cuando estaba en la preparatoria se escuchaba mucho el colectivo-revista Tolé, nacido precisamente en la Facultad de Filosofía y Letras, de donde surgieron muchas voces muy potentes, como la de Buba Alarcón, por ejemplo. Ahora los estudiantes sólo se preocupan por publicar en las opciones que tienen a la mano, y eso, las más de las veces, de maneras muy poco entusiastas.

En cuanto a la iniciativa privada, es casi nula. Durante una temporada la Fundación para las Letras Mexicanas valoró mucho las voces del norte, incluyendo las chihuahuenses. Un ejemplo que a mí me emociona mucho es el de Andrea Garza, una ensayista parralense que estuvo, está y estará a la altura de muchísimos escritores a nivel latinoamericano y que hasta la fecha no me explico por qué muchos otros ensayistas mexicanos tienen más reflectores que ella. Pero es que el apoyo de la iniciativa privada en cuanto a literatura es así: sus tentáculos son inteligentes y se van hacia otros lugares donde personas como Andrea, quizá, no responden a sus necesidades. Y eso es triste. 

A nivel estado, el gobierno ha hecho cosas por fortalecer a sus escritores jóvenes. Yo, por ejemplo, soy becario del FOMAC, que es una anomalía a nivel nacional. Es raro que una municipalidad o alcaldía otorgue una beca a escritores jóvenes, y en Chihuahua ocurre… ¡súper bien! Pero es que todo está desorganizado, porque es raro que un político quiera tener organización en políticas culturales, es por eso que todo está lleno de burócratas que no saben qué hacer, ni cómo hacerlo, ni por qué hacerlo. No hay una estrategia seria o bien planeada a mediano o largo plazo para apoyar, ya ni siquiera a escritores chihuahuenses, a artistas chihuahuenses. Buenas intenciones las hay, me consta, y de sobra: las veo, las vivo y las aplaudo. Pero con eso no basta. Hacen falta gobernantes capaces de ver en los artistas no una “economía naranja”, sino una parte fundamental en el engranaje de la sociedad. Porque lo somos. Soy cursi y siento que lo somos.


¿Cuál banda de Chihuahua recomiendas?

¡Ah! Aquí me voy a extender muchísimo, porque hablar de escritores y poesías y literaturas cansa a todo el mundo. Vamos a ver…

Ya mencioné a Gay Duo. Para mí Gay Duo es lo mejor que le ha pasado a Chihuahua en música. Me gusta el punk, crecí con el punk y siempre mamaré del punk. Cuando vi a Gay Duo por primera vez me cambió la vida, y mira que he visto a muchas bandas de punk en vivo. Tocaron en la otrora Santanera, en agosto de 2010. No sé cómo se llaman los dos de Gay Duo, no sé quiénes son y no me importa mucho: sé que uno ahora hace o hacía cerveza artesanal. Da igual. Uno de ellos se provocó el vómito entre la gente, mientras tocaba la guitarra y uno de los guardias del bar lo jaloneaba para sacarlo: eran las 2:15 de la mañana y la ley de Patricio Martínez es imperturbable e inamovible. Cuando veía eso, a mis tiernos 18 años, fue como ver el la Aurora Boreal.

No me gusta el post rock. Creo que nadie debe ser tan despiadado y vil como para hacer una canción de 23 minutos llena de contrastes y complejidades y ruiditos con pedales caros. Eso es lo que creo yo, no me mires así. Pero cuando escuché a La Revolución de José Luis Esparza, allá por el 2010, me cagué. Me gustaron mucho, porque sonaban como American Football sin vocalista, y me mama American Football. Y a ellos les agradezco mucho, porque a partir de ellos y Yongol surgieron bandas que dieron un manotazo en la mesa y dijeron “Eh, en Chihuahua se están haciendo cosas chingonas”. Eso está bien padre. Recuerdo también tocadas memorables de Zombie 3D, una banda muy chingona de vatos del Tec de Monterrey. Ahí la guitarra la tocaba Fernando Pérez Lira, uno de los mejores fotógrafos de Chihuahua y, yo creo, de México. Parábolas del Bosque me gusta mucho porque no les entiendo nada y me gustan las cosas que no entiendo. The Mueres tiene el que es para mí uno de los mejores discos que se han hecho en Chihuahua: Canciones para insectos. KO Mode/Millenium User es un compositor de música electrónica que está haciendo cosas que pocos están haciendo, además el tipo está loco y es una hermosa persona. Diego Puerta de Dromedarios Mágicos es también un referente de cómo debes de chingarle para que las cosas funcionen. Es que no, muchísimos proyectos, muchísimos. Ojalá los escritorsillos chihuahuenses aprendiéramos algo de la gente que hace música en Chihuahua.