Feminismo, siempre necesario.

¿Tiene usted un minuto para hablar de feminismo?

“Identifican a mujer asesinada a puñaladas”, “Hallan a otra mujer asesinada en Juárez”, “Asesinan a dos mujeres en Chihuahua; una fue torturada”, “Hallan a dos jóvenes asesinadas y ‘levantan’ a otras dos en Guachochi, Chihuahua”, “Identifican a mujer asesinada en la colonia Las Ánimas”, “Más de 70 mujeres fueron asesinadas en Chihuahua en los últimos meses: FGE”. Estos titulares corresponden al periodo comprendido entre diciembre de 2016 y marzo de 2017, todas noticias locales.

El pasado miércoles se conmemoró el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, que sirve para reconocer los avances logrados en materia de paridad de género y para recordarnos que aún hay un largo camino por recorrer. Al parecer para el gran público todo está bien con lo primero; a fin de cuentas, ¿quién se atrevería a decir en pleno 2017 que las mujeres no deberían votar, tener formación profesional o trabajar? Sin embargo, cuando nos dirigimos a la parte de ubicar lo que aún no hemos logrado comienzan las discrepancias. Porque, aunque sí podamos votar, no hay una representación real de los intereses de las mujeres (y aquí no me refiero sólo a la cantidad de personas de sexo femenino y masculino en la política, sino a la cantidad de personas que realmente abogan por respetar y promover derechos fundamentales de las minorías); aunque en teoría tengamos la oportunidad de estudiar (dentro de un país, hay que decirlo, en que muy pocas personas gozan de este privilegio) y trabajar, la percepción de muchos sigue siendo que la mujer es menos capaz o menos entregada a su trabajo, lo que muchas veces se refleja en la brecha salarial, que de acuerdo al estudio Perspectivas del Empleo 2016 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en 2014 era del 18%.

La cosa es que las mujeres en México y en Chihuahua seguimos siendo menospreciadas, violadas y asesinadas, sólo por tocar tres problemas importantes. Con todo, este miércoles sobraron los comentarios refiriéndose a la inutilidad de esta conmemoración y la frivolidad e incongruencia del feminismo actual. Por supuesto que no faltaron los chistes para recordarnos que quienes buscamos mejores condiciones de vida no somos más que una caricatura e, infaltable, la presentación sobre las problemáticas reales por las que deberíamos estar luchando: los hombres que mueren en las guerras, los hombres que se suicidan, los hombres que pagan la cuenta. Los hombres.

Y claro que los varones son importantes en la construcción de una sociedad más justa y equitativa, pero por favor, si eres hombre e identificas las problemáticas que tu género te ha traído, ¿crees que puedas decirlo en otro momento, y no cuando estamos con otros temas? Acércate a tu feminista de confianza y cuéntale, de la nada, lo que opinas sobre la sociedad que te dijo que no tenías permiso de expresar tus sentimientos, la presión que te genera el ser el único sostén económico de tu hogar, lo mucho que te molestan las guerras; casi te puedo asegurar que tendrán una plática muy amena. Pero, te lo digo por tu bien, si sólo recuerdas eso cuando se trata de minimizar otra causa, no esperes una reacción favorable.

Históricamente, las feministas estamos acostumbradas a que se nos ridiculice: de las sufragistas ya se decía que eran mujeres feas y resentidas ante la poca atención del hombre, y se les caricaturizaba en carteles donde se leía, por ejemplo: “Girls I didn’t marry, the suffragette”. Así es, para los grupos en el poder el feminismo siempre ha sido innecesario, banal y absurdo, afortunadamente han existido personas que saben que los derechos nunca se otorgan de la nada, sino que debemos convencer, presionar y exigir para obtenerlos.

La inconformidad de algunos siempre resultará la espina en el zapato de los mediocres, pero es parte vital de la supervivencia, evolución y progreso del ser humano.  En Chihuahua nos urge inconformidad, estamos tan acostumbrados a “salir adelante echándole ganas”, “darle duro” y “ser aguantadores” que se nos olvida que a veces para mejorar necesitamos que las condiciones sean las propicias, y nuestro trabajo es exigir que eso pase a quienes tienen el poder de lograrlo. Chihuahua se caracteriza por su conservadurismo y apatía en las luchas sociales; estamos tan desacostumbrados a ellas que incluso quienes deseamos participar en diversas movilizaciones lo hacemos con vacilación, pero dadas las circunstancias, unirse a la lucha –o si no vas a aportar nada, quedarse callado– es una necesidad.

Es muy fácil reconocer los grandes problemas del género y olvidarse así de los discursos y pequeñas acciones que los validan. Por eso todos estamos de acuerdo en que los feminicidios deben parar, pero cuando nos referimos a aspectos domésticos o cotidianos en los que la violencia se hace presente, entonces ya las feministas exageramos; porque es más fácil juzgar crímenes ajenos que mejorar mis chistes, modificar mi lenguaje, analizar la manera en que llevo mis relaciones y cuestionar mi manera de ser y hacer las cosas. Cada marcha, cada paro, cada 8 de marzo y cada debate son una oportunidad de mejora y de análisis, y así deberíamos entenderlo.

Si deseas ser un aliado feminista, que tu empeño no cese ante una actitud defensiva por parte de alguien, o ante la aparente exclusión de los grupos activistas. Si ya te has empezado a cuestionar el rol que ocupas en la sociedad, el que no seas protagonista o no te sientas tan incluido en el movimiento no es una razón para desistir, sino únicamente un pretexto para seguir en tu zona de confort.

“El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”, afirmó Simone de Beauvoir, así que en relación a las reacciones que el 8 de marzo inspira, saludo afectuosamente a las cándidas y amorosas mujeres que luchan más por la inclusión y bienestar de los hombres que por los propios derechos fundamentales; también a los varones homosexuales cuya misoginia es tan grande que prefieren apoyar al sistema que los rechaza antes que a las mujeres que luchan también por sus derechos; en general, a todos aquellos que (les guste o no admitirlo) son una minoría y nos comparan con nazis por tratar de defender los derechos, precisamente, de las minorías.

 

Tzeitel Adriana Velo Muruato (Chihuahua, 1992). Estudió la Licenciatura en Letras Españolas en la UACH. Le encanta la corrección ortotipográfica, de estilo y política.

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