Dos libros en el Día Mundial de la Poesía

Dentro del marco de las celebraciones por el Día Mundial de la Poesía, distintos colectivos e instituciones chihuahuenses se encargaron de darle un espacio a este género literario en distintos puntos de la ciudad. El pasado martes 19 de marzo, en las instalaciones de la Mediateca, se presentaron dos libros que sin duda darán mucho de qué hablar dentro del panorama de la literatura joven mexicana: Principia de la poeta Elisa Díaz Castelo y No es el amor quien muere del narrador chihuahuense Raúl Aníbal Sánchez.

Jesús Carmona-Robles y Raúl Aníbal Sánchez.

Los espectadores de este evento, dirigido por la académica y también escritora Victoria Montemayor, fueron testigos de las nuevas maneras que el escritor mexicano contemporáneo tiene al momento de desarrollar un texto literario. Elisa, quien visitó Chihuahua por primera vez desde la ciudad de México, ofrece en “Principia” poemas capaces de romper cualquier ritmo, tiempo y tono al mezclar prosa poética con verso libre. Su contenido, íntimo, narrativo y desgarrador, evidencia un estilo que va más allá de lo que muchos lectores entendemos como “poema” y quizá entra a un terreno donde, precisamente el poema, sigue evolucionando a la par de su autor:

Credo

Creo en los aviones, en las hormigas rojas,
en la azotea de los vecinos y en su ropa interior
que los domingos se mece, empapada,
de un hilo. Creo en los tinacos corpulentos,
negros, en el sol que los cala y en el agua
que no veo pero imagino, quieta, oscura,
calentándose.
Creo en lo que miro
en la ventana, en el vidrio
aunque sea transparente.
Creo que respiro porque en él pulsa
un puño de vapor.

Por su parte, Raúl Aníbal Sánchez presentó lo que, estrictamente, se trata de un libro de cuentos. Sin embargo, y al igual que Elisa, ofrece historias que no pueden encasillarse en un género. Por ejemplo, en el cuento titulado “Semillas de granada”, Raúl intercala pasajes abstractos y de una carga poética muy densa en la historia de una madre cuyo hijo fue asesinado:

Mamá, es el dragón del invierno quien devora nuestra casa. Lo he visto caminar tranquilo por el desierto y las ciudades. Lo he visto llamar a los niños por su nombre. Tiene una casa en lo profundo del mar.

Lo abyecto entre lo cotidiano; lo imposible de plasmar en palabras comunes con la naturalidad de las historias que se viven día a día. Tanto Elisa como Raúl –y gracias a los esfuerzos por reactivar la vida literaria en Chihuahua– ofrecen dos libros que hay que leer, no por su valor técnico, sino por la empatía que pueden llegar a generar en nosotros, sus lectores.