Cuatro álbumes de cuatro momentos en la música de CUU

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Entre mi colección digital de música hay muchos álbumes creados en mi ciudad, Chihuahua. La mayoría son de bandas de amigos. “Nada más te gusta como tocan las bandas de tus amigos”, me dijeron alguna vez, a lo que respondí “Más bien me hago amigo de las bandas que me gusta como tocan”.

La manera en que se crea música en Chihuahua –y en todas partes– ha ido cambiando de muchas formas. Estos cambios, como todas las evoluciones, se van dando de forma paulatina, sin que en el momento nos demos cuenta de que suceden. Pero hace poco me pregunté, ¿qué álbumes podrían considerarse hitos en la historia de la música de mi ciudad? No me interesaba responder cuáles son los mejores álbumes ni los álbumes más importantes, sino identificar aquellos lanzamientos que de algún modo cambiaron el rumbo de la producción discográfica local. Se me ocurrieron cuatro: el primero que podía conseguirse en casete, el primero que se creó para la Internet, el que hizo que la producción local cobrara relevancia nacional y el que logró sacar del rancho a su creador.

El ámbito del cual tomé estos álbumes es más fácil de entender que de explicar: se trata de discos que surgen en una escena que podríamos, para simplificar las cosas, llamar “indie” o “alternativa”. Por eso no se consideran los trabajos de Juan Gabriel, por poner un ejemplo atroz en aras de aclarar la categoría.

 

“Lados extraños” (1995) de La Clica: el primero en casete

En 1995 éramos los únicos de la prepa de La Salle que tocaban en una banda: La Klemetina. Oso (vocalista) nos dijo a Miami (baterista que en esos tiempos todavía no tenía este apodo) y a mí (guitarrista) que Rogelio el de La Clica se había matado.

Casete de “Lados extraños”, colección de Hugo Mejía Borja.
Casete de “Lados extraños”, colección de Hugo Mejía Borja.

Hacía apenas unas semanas que habíamos ganado el concurso de canto del colegio tocando “Canción fugaz”, balada de la banda chihuahuense que acababa de quedar sin cantante. Desde nuestros diecisiete años y con nuestros amplificadores Peavy de 15 watts, La Clica era nuestro ejemplo admirado: la única banda de la ciudad que había grabado un álbum que se vendiera en casete. Yo había comprado el mío por $30 nuevos pesos en una tienda de fachada negra con el símbolo de peligro nuclear en amarillo, en la esquina de la 25a con Niños Héroes, y que creo que sigue ahí. En esa misma tienda había comprado una camiseta que por el frente llevaba la portada del Use your illusion I y por detrás la del Use your illusion II.

No había Internet y La Clica no era algo que cubrieran en la sección de espectáculos de los dos periódicos de la ciudad, pero nosotros sabíamos que Rogelio, Gaspar, Luis y Víctor habían grabado Lados extraños en el estudio Belmont de Cuauhtémoc, el único que había en la región. Dos años más tarde nosotros, ya no como La Klementina sino como Ese Doble A, grabaríamos nuestro demo en ese mismo lugar, con cierta reverencia y preguntando dónde se habían colocado los de La Clica.

Ilustración interior en el casete de “Lados extraños”.
Ilustración interior en el casete de “Lados extraños”.

Había más bandas creando música en Chihuahua en 1995. En el Renacuajos se armaban los Renapalooza, tocadas que duraban todo un día y donde, además de La Clica, presentaban sus canciones Baas, Los Hijos del Lechero, Malta y otras bandas. Pero La Clica era la banda que incluso nosotros, allá en nuestro universo de chavitos en colegio particular, conocíamos y seguíamos. Seguro su música llegó a nosotros debido a que la nueva estación de la ciudad, la D95, tocaba algunos de sus temas, especialmente aquella cursi balada de “Solo”, única canción de origen local que logró colarse a los antros fresas y que hace todavía un par de años seguían tocando los grupos de covers en los bares.

“Se mató en su moto, en el Periférico de la Juventud”, nos contó Oso. “Iba por clandestinas”. Por algún tiempo pensé que las clandestinas eran unas putas, hasta que supe que se referían a comprar cervezas fuera del horario de venta permitido.

Sólo recuerdo tres canciones de mi casete de La Clica: las mencionadas “Canción fugaz” y “Solo” (todavía me sé ambas en la guitarra) y “Las arañas”. La Clica siguió tocando en bares de Chihuahua por muchos años, aunque de los originales sólo quedó Víctor, el baterista. Oso, que aquella mañana camino a las canchas nos contó sobre la muerte de Rogelio, fue su último vocalista. Ya no tengo el casete de Lados extraños: se lo cambié a un idiota por el disco compacto de La espada & la pared de Los Tres.

“Diccionario de una vida pesimista” (2003) de Nenitah: el primero en la Internet

“Diccionario de una vida pesimista” disponible para descarga desde Mediafire.
“Diccionario de una vida pesimista” disponible para descarga desde Mediafire.

De pronto había muchas bandas componiendo música y grabando en alguno de los estudios de la ciudad. Era 2003 y Miami y yo conseguimos que nos prestaran el Q Sport Bar todos los jueves para presentar a bandas con material original. Lanzamos los eventos con el título de Lado Q y el impulso nos alcanzó para un año entero. Lanzamos un sitio de Internet con uno de aquellos dominios gratuitos de la isla de Tokelau –www.ladoq.tk– y desde ahí promocionábamos los eventos. Algunas de las bandas que programábamos se desconcertaban de que no se imprimieran y repartieran volantes para convocar público.

El modelo de hacer y promover música desde la Internet es la norma de hoy. Cualquier banda se produce un demo utilizando una computadora para grabar en casa y comparten el lanzamiento a través de Bandcamp. Antes de Bandcamp tuvimos Myspace. Antes de Myspace, en lo que parecieran ser tiempos en blanco y negro, teníamos discos compactos que se repartían en las tocadas.

Da’Beat en la última presentación en vivo de Nenitah (fotografía: Kigra). Esa noche también fue baterista de la última presentación de Mafalda.
Da’Beat en la última presentación en vivo de Nenitah (fotografía: Kigra). Esa noche también fue baterista de la última presentación de Mafalda.

En 2003 recibimos un correo solicitando una fecha para Nenitah, una banda de la que no habíamos oído hablar y cuyos integrantes no eran exmiembros de otras bandas (caso extraño para una escena como la de Chihuahua). Lo que nos causó una profunda impresión fue que Nenitah tenía un sitio de Internet propio en el cual estaban colgadas todas las canciones de su álbum. Los temas podían descargarse o reproducirse en línea.

En pocos días, todos en el MSN Messenger comentábamos las canciones de Nenitah y esperábamos el día de su debut en vivo. ¿Cómo va a tocar el baterista esas ráfagas de doble patabola? ¿El bajista realmente eslapeará su instrumento con la destreza que se escucha en las grabaciones? Llegó el día y Coyote desplegó toda su experiencia como baterista de bandas de metal pateando el bombo a máxima velocidad y Ponchete reprodujo las líneas y solos de guitarras tal y como habíamos escuchado en el álbum. Pero al que no podíamos dejar de ver fue a Da’Beat, quien no sólo atacaba el bajo al más puro estilo Les Claypol, sino que además cantaba los temas y –¡oh, por Dios!– manipulaba secuencias electrónicas desde una laptop que tenía en el suelo a su lado con un pedal que él mismo había fabricado.

Da’Beat se convirtió en un buen amigo y lo sigue siendo hasta estos días en que ya se presenta sólo como David. “Nenitah y el disco fui yo con insomnio. Pasé algunas noches componiendo las canciones y luego grabándolas y programándolas en Sonic”. Sólo reclutó a la banda cuando se había fijado la fecha de la presentación en el Lado Q. Nenitah no volvió a hacer nada jamás.

“CUU LP” (2009) de Señor Amable: el que hizo que nos voltearan a ver

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“CUU LP“ disponible para descargar desde Bandcamp.

Hace unos días, en alguna reunión, un abogado de unos cuarenta y cinco años y que seguro se junta con sus amigos a beber Tecate Light en el Applebee’s marcó un punto en una hoja de papel para representar a la ciudad y lo etiquetó como “CUU”. CUU es el código IATA del Aeropuerto Internacional General Roberto Fierro Villalobos de Chihuahua, uno de los lugares –junto al mall– donde los chihuahuitas nos encontramos con más gente. Y CUU fue como Señor Amable –alias del músico Andrés Murillo– comenzó a llamar a la ciudad alrededor de 2009. Hoy vemos la etiqueta CUU utilizada en ámbitos muy lejanos a los de sus orígenes, como cuando la usó el abogado que seguramente ignora quién es Señor Amable, que nunca ha escuchado el CUU LP y que no sabe que existió un sello discográfico chihuahuense llamado CUU Desde El Espacio. También se ve a gente obtusa renegando “Dejen de decirle CUU, pinches hípsters mamones” y a otros todavía más necios intentando corregir “Oye, pero ¿sí sabes que CUU es el aeropuerto y no la ciudad?”.

Cuando Amable comenzó a utilizar el CUU, no se refería a la ciudad de Chihuahua, sino a una ciudad de Chihuahua… a un ambiente, a una escena. En 2009 publicó en Internet su álbum CUU LP, un documental pop que retrataba cómo vivíamos entre balazos, convoyes y expendios de cerveza con rejas de metal tanto afuera como adentro. El disco llegó lejos y apareció reseñado en sitios de Internet de toda América Latina. Incluso fue incluido en el listado de los mejores discos de 2009 de Club Fonograma, blog que en aquel momento era la principal autoridad en música indie latinoamericana.

De pronto todos voltearon hacia el desierto del norte de México y encontraron proyectos musicales interesantes. Este interés llevó a la creación del sello CUU Desde El Espacio, dirigido por el propio Amable, y que tomó su nombre de uno de los temas de CUU LP. The Mueres, Gay Duo, El Gil, Los Maravilla, Blue Shit, Manatí (mi proyecto en aquellos tiempos) y el propio Señor Amable aparecen, entre otros, en el compilado que el sello editó en 2010.

“Oye, y ¿el movimiento de aquí si tiene el peso que pensamos que tiene? ¿O nosotros lo vemos así porque estamos aquí?”, le pregunté a Lourdes Serrano Eguiluz, cronista de música que escribe desde la Ciudad de México. “Sí lo tiene”, me dijo sin pensarlo ni tantito. Sin el CUU LP la escena actual de Chihuahua no tendría la relevancia que tiene fuera de nuestro territorio.

“Bosque de San Marcos” (2014) de Dromedarios Mágicos: el que la va armando

“Bosque de San Marcos”, disponible para descarga desde Bandcamp.
“Bosque de San Marcos”, disponible para descarga desde Bandcamp.

Dromedarios Mágicos me pareció uno de los nombres más ridículos que le hubiera visto jamás a alguna banda. Estaba anunciada para tocar una noche en el segundo piso del SecÖnjom, esa casona disfrazada de despacho y luego invadida para convertirse en café y bar donde pasamos casi dos años bebiendo, fumando y viendo presentaciones de Maw, Parábolas del Bosque, Salvaje, Pájaro Sin Alas y hasta del irreverente Pipe Llorens.

Resultó que Dromedarios Mágicos no era una banda, sino el alias con que se presentaba Diego Puerta, un mocoso de diecinueve años con cara de doce y cuerpo de cuarenta. Apenas alumbrado por una serie de luces navideñas, Dromedarios interpretó sus canciones rasgando la guitarra acústica con la técnica de la tradición folk y con una voz aguda y dulce.

Al otro día busqué su EP en Bandcamp y lo encontré ofertado bajo el modelo “Paga lo que gustes, incluso $0”. Aboné $20 pesos y descargué Bosque de San Marcos. Semanas más tarde, en el mismo SecÖnjom le comenté a Diego que me había llegado una notificación de PayPal avisando que nunca reclamó los $20 pesos. “No supe cómo se le hacía. Fuiste el primero que pagó algo y pues ya mejor lo puse gratis”, me dijo encorvado y viéndome hacia abajo, evidenciando que, al menos de momento, era más importante ser escuchado que ganar algo.

Menos de dos años después de haber lanzado Bosque de San Marcos, Diego Puerta ya no regresó a la Facultad de Odontología. Ya no le interesa ser el doctor Puerta y ahora se dedica exclusivamente a ser Dromedarios Mágicos y a estar en constante movimiento por todo el país. “Aparte de que están muy chidas sus rolas, la va a armar por la ventaja de que no tiene banda. No anda batallando con eso. Nada más agarra su guitarra y se va a donde sea”, dijo Kathy, mi esposa, quien entrevistó a Diego para Estación CUU.

Creo que Dromedarios Mágicos es el primero de los nuestros que ha logrado ser sólo esto.

La música en este desierto sigue naciendo. El trabajo y la familia –la edad, pues– me impiden cada vez más estar presente en las fiestas, tocadas y festivales donde suena la música chihuahuense. Pero sigo atento, escuchando, viviendo lo que se crea. Seguramente en algunos años algo pasará que me lleve a añadir un quinto álbum a esta lista.

Publicado originalmente en marzo de 2016 en Anacrónicas de Guso.

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