15 historias tristes de un San Valentín en Chihuahua

San Valentín siempre me hace entrar en un debate interno que proyecta todas las contradicciones que me definen como el ser humano miserable y desgraciado que soy. Alguien me preguntó cuál es el recuerdo más lindo que tengo de San Valentín y me quedé atónito al no tener ninguno: ésta fecha es para mí como un diputado panista que vota a favor  de la reducción de sueldos a políticos, jamás existirá

El asomarme de nuevo al abismo me hizo entrar en pánico y decidí lanzar una convocatoria vía Facebook. La gente de Chihuahua debía contarme algo horrible que les haya pasado en esta fecha. De esta manera, quizá, no me sentiría tan solo.

La respuesta de la gente fue increíble. Lamentablemente, por cuestiones de estricto interés editorial, sólo podré publicar algunas.

 

PREFERIRÍA ANDAR CON UN HOMBRE QUE CONTIGO

Analaura | Fotógrafa e ilustradora | 20 años

Cuando estaba en secundaria tenía un mejor amigo del cual terminé enamorándome. En un catorce de febrero, toda meca, decidí decirle tal cosa, y el güey no dijo nada, sólo se volteó y me dijo que preferiría andar con un hombre que conmigo. Caló tanto que hasta la fecha me acuerdo.
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UN CLAVO SACA A OTRO CLAVO, MIENTRAS ESE CLAVO LO SIENTA
Pako | Estudiante | 23 años
El año pasado fue el primer San Valentín que pasé solo después de haber cortado con mi ex. En ese entonces yo hablaba con un chavo, casual. Llevábamos ya como dos semanas muy a gusto y todo iba cool. El güey me dijo que hiciéramos algo en San Valentín y yo la neta no quería hacer nada, o sea,  llevábamos super poquito hablando y se me hacia mucha formalidad pero él estaba jode y jode y pues yo de que POS BUENO, POR QUÉ NO. Fuimos a cenar al Italianisimmo y él estaba súper empalagoso, más de lo normal. Se me hacia mega raro que actuara así. Luego me vine a enterar que en ese mismo restaurante estaba su exnovio y que literal me invitó y todo para que su ex viera que él “ya estaba muy feliz con alguien más”. 
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NO SE PUEDE VIVIR CON TANTO VENENO

Jimena | Creativo en Creatura | 26 años
Duré con mi ex seis años. Un día antes de algún San Valentín decidió que “ya no me quería”. Sin ningún aviso ni advertencia. Resulta que yo cumplo años un día después de San Valentín y ya había planeado una cena en mi patio, con un camino de flores a la mesa, había cocinado una pasta (era la primera vez que cocinaba algo), también me había comprado un vestido muy bonito y caro. Todo para nada. Justo el 17 de febrero me buscó de nuevo, volvimos, lo perdoné por herirme y seguimos adelante. Unas semanas después, en la peda, un amigo de mi ex soltó la sopa y dijo: “güey, que buena solución la tuya cortar por unos días sólo para no gastar dinero y luego ya vuelves con ella como si nada”. El maldito no había visto que yo estaba presente. Me sentí tonta y sentí que perdí mi inocencia ese día y la fe en que la gente puede cambiar. 
Pero eso no es todo. Ese mismo exnovio me había cortado en OTRO San Valentín cuando recién comenzamos nuestra relación: dijo que estaba confundido y quería pensar algunas cosas. Obviamente, semanas después, volvimos y, como había dicho, duramos seis años. Años después me enteré que, en esa ocasión me cortó porque no aguantaba la culpa de haberme engañado con una de mis entonces mejores amigas, cosa que ambos me ocultaron por seis años.
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DOLOR FRESCO, DOLOR REAL
 Osquita | Barista y dueño del Café Marro | 25 años
Justo ahora la morra que me gusta me está organizando una cita de San Valentín con otra morra diferente para que la gente no se de cuenta o sospeche que yo le gusto.
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ACHIEVEMENT UNLOCKED
Jacqueline | Enfermera | 25 años
El pasado catorce de febrero me pasé literalmente todo el día en mi cama viendo Facebook mientras mi exnovio y su amigo jugaban Xbox muy alegremente.
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BURRITOS Y CLAMATOS
Antonio Skarav | Director General de Creatura | 35 años
Mi primer novia “oficial” la tuve a los dieciocho. Ella era abogada. Yo estaba muy pendejo y muy enamorado. La invité a salir un catorce de febrero y ella me dijo “ando muy cansada, creo que haré algo tranqui con mis amigas en mi casa”. Al día siguiente compro unos burritos y un clamato, porque seguramente iba a estar cruda y yo quería darle ese detalle. Llego a su casa y veo que la puerta está entreabierta y yo digo “pos paso”. Al entrar todo era un caos, un verdadero aquelarre: se pusieron una tremenda pedota y yo me sentía feliz por llevarle el clamato y los burritos. Veo que no está en su cuarto y voy al de sus papás: en la cama veo a un güey en calzones echado a lado de ella. Les dije “hola”. El güey se quedó petrificado y mi ex salió corriendo al baño. Yo estaba en shock y pues me fui, pero les dejé los burritos y el clamato.
Dos semanas después me topé al güey en una fiesta y nos agarramos a golpes. Me quebró la nariz y luego un amigo mío lo persiguió en una moto.
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NUDES CON OSITOS DE PELUCHE
Moni | Community Manager | 31 años
Tomemos en cuenta que mi cumpleaños es como una semana y cachito antes del catorce de ferbero: estábamos festejando mi cumple en un bar en la Río de Janeiro (no recuerdo el nombre) con muchas de mis amigas, mi otrora cuñada, etc. Entonces mi exnovio se levantó al baño y marcaron y colgaron a su celular, yo vi porque #mujer y eran mensajes de La Otra diciéndole que gracias por sus regalos, que le había encantado su osito de peluche, todo seguido de unas nudes con el oso, QUÉ CULPA TIENE EL OSO HAZME EL RECHINGADO FAVOR. Total que regresa del baño y pues a hacerla de pedo: gritos, llanto y, claro, nos expulsaron del baresucho. Cuando llegó el catorce de febrero lo pasé comiéndome una Torta Piolín viendo Canal 5.
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LILY, LA DEL SEXTO CE
Guso | Director General de Punto y Coma Gabinete de Contenidos | 38 años
Estaba en el sexto be y desde cuarto grado me gustaba Lily, una niña pálida de ojos hundidos y mejillas rosadas que iba en el sexto ce. Aquel año, en el colegio €“que cubría desde el jardín de niños hasta la preparatoria,€“ se organizó un sistema de correo para el Día de San Valentín. Quise escribirle a Lily.
Haciendo la letra lo más bonita que pude, le envié una carta anónima en la que le contaba cuánto me gustaba. Al final le preguntaba si quisiera ser mi novia y pegué dos papeles doblados: uno decía no y el otro sí. Adentro del no le agradecía su tiempo y atención. Adentro del sí le revelaba mi nombre y el número telefónico de mi casa.
Eché el sobre en el buzón de cartón y los siguientes días soñaba con cómo esperaría a Lily afuera de su salón, parado sobre una jardinera. La buscaría con la mirada y encontraría sus ojos hundidos.
Desde dentro del salón, Lily movería su cabeza y moviendo los labios me diría Sí quiero.
En unos días el sueño se convirtió en pesadilla y deseé quemar la escuela con todas las cartas en ella.
No volví a hablarle a Lily sino hasta el último año de la preparatoria.
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SOCIALISMO O BARBARIE
Eleonora | Asistente editorial | 24 años
Estando en preparatoria, en La Salle. Mi novio de ese momento -que era un otaku muy feo- encargó un arreglo de rosas grandote para que lo llevaran a la escuela siendo que toda la semana anterior yo había estado criticando San Valentín por ser publicidad capitalista para vender dulces. Cuando llegó el arreglo, todos hicieron bulla, gritaron “beso” y me sentí muy humillada por ver mis ideales traicionados e incomprendidos. Actualmente el güey está casado con la que era mi amiga de esos tiempos.
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SALIR DEL FRIKICLÓSET

Samuel | Director Educativo del Colegio Albert Einstein | 30 años
En cuarto de primaria teníamos a un compañero friki geek weirdo al que nadie le hablaba, en ese tiempo ser friki no era cool así que no tenía amigos. No es que yo tuviera muchos pero prefería juntarme con los que jugaban futbol o llamaban la atención de las niñas porque conveniencia social. Un 14 de febrero el profe nos puso la actividad de escribirles cartas a nuestros amigos agradeciendo su compañía y amistad. Escribí cuatro o cinco para el grupo en el que me sentía integrado. Yo recibí tres: dos de ellas venían de las niñas quiero-ser-la-consentida-de-mi-profesor que les escribieron cartas lastimosamente genéricas a cada uno de los compañeros; la otra venía del dicho weirdo en cuestión.
En ella me agradecía mi amistad y haber estado con él en un momento en el que más triste se sentía. Me confiaba su amistad y me pedía que siguiera siendo su amigo. Al día de hoy todavía no he podido recordar a qué momento se refería, si lo saludé en la entrada, si le invité de mi frutsi, si algo le dije en las gradas, si le presté una pluma, no puedo recordar qué fue lo que tanto me agradeció, pero fue la única carta sincera que recibí ese día.
Al sonar el timbre me acerqué a él más avergonzado que agradecido, como queriéndole pedir disculpas por no recordar ni su nombre, ni cómo nos conocimos ni de qué plática me estaba hablando. El chico se vio más contento porque me acerqué que no notó mi cara de desconcierto. Salimos al recreo y empezamos a buscar cosas en común con charlas incómodas y raras.
Coincidió que también le gustaban los videojuegos más que el futbol, que ninguna niña nos hacía caso, que preferíamos ver ánime que salir a la calle, que teníamos hermanos menores y Nintendos y Tamagochis.
Con él salí del frikiclóset, nunca volví a jugar futbol en el recreo, ni a recibir cartas genéricas, pero ya tenía con quién jugar Mario Kart saliendo de clases.
Suena a final feliz pero en realidad es muy decadente. 
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TUS AMIGOS TIENEN NOMBRE DE MUJER
Jennifer | Diseñadora gráfica en Punto y Coma Gabinete de Contenidos | 23 años
Un catorce de febrero llegó mi exnovio a la casa poco después de haber terminado. El ridículo iba vestido muy formal y con un detalle san valentinesco. Yo estaba en pijama y me estresé porque pensé que pretendía llevarme a cenar o algo así. Pasó, se estuvo como 10 minutos diciéndome que me amaba y me extrañaba mientras me tenía abrazada. En algún momento tomó su celular y vio un mensaje como ocultándose y luego dijo de pronto “bueno, ya me voy, buenas noches”. Se fue porque dijo que lo estaban esperando sus amigos en una reunión. Su amigos al parecer se llamaban Laura Villalobos, por lo que vi en un segundo mensaje que le llegó antes de que se fuera.
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 LO QUE VIVE EL REQUINTISTA DE UN TRÍO DE BOLEROS
Jesús Carmona | Músico, profesor jubilado y papá del que hizo estas entrevistas | 59 años
Toco el requinto en un trío de boleros que hice con dos de mis hermanos. El trío se llama Norawa (“compadre” en rarámuri) y está por cumplir 35 años. Nuestra política de trabajo consiste en tres reglas inquebrantables: 1 No darle servicio a narcos o gente que parezca narco. 2 No tocar en eventos donde haya strippers o escorts de ningún tipo. 3 No tocar en panteones o mausoleos. Eso no significa que no hayan ocurrido cosas incómodas, desastrosas o graciosas. Estamos acostumbrados a tocar en eventos en donde pueden pasar cosas extrañas y es el día de San Valentín donde siempre ocurre esto.
Recuerdo tres historias. La primera, una despedida de soltera que, por algún motivo, se realizó en San Valentín. El lugar fue un salón de eventos por la Avenida Mirador. Todo parecía normal al principio y es que cuando estamos tocando realmente no nos fijamos en mucho de lo que ocurre, salvo que sea algo de verdad increíble. Estábamos tocando una versión bolero de “Te amaré” de Miguel Bosé cuando de pronto ya se había armado un argüende onda “Laura en América” pues resulta que llegó el futuro esposo de la muchacha celebrada y, al mismo tiempo, el amante de la muchacha. Hubo llanto, conato de golpes, oportunistas que incitaban el pleito. De pronto llegó la policía y la celebrada estaba encerrada en un baño con su mamá y sólo se escuchaban los gritos de regaño. Nosotros en ningún momento dejamos de tocar, porque corríamos el riesgo de que nos dijeran “pues dejaron de tocar, no les pagamos” y al final terminamos dando un concierto íntimo para las amigas de la celebrada, que, si soy sincero, se veían bastante indiferentes ante la situación.
La otra historia que te voy a contar es algo que hasta la fecha no sé cómo me hace sentir. Recibimos una llamada de unos chavos de Cuauhtémoc que se dedican al negocio de la manzana, juniors pues, pero buena onda. Nos contrataron bajo la premisa de que iba a ser una reunión casual entre compas y pues, como nos iban a pagar el viaje, no dijimos que no y, efectivamente, la reunión se celebró en la casa de uno de ellos, con muy poca gente, todos hombres. Ellos siempre fueron muy cordiales con nosotros, siendo que normalmente los juniors son bastante prepotentes y hasta groseros cuando nos contratan. Entonces notamos algo raro, uno de ellos iba vestido como de novio. Frac y toda la cosa. Como los chavos nos hicieron entrar en confianza y nos hacían sentir parte de la fiesta, pues les preguntamos si era una despedida de soltero, y pues que se parten de la risa. En eso, el chavo del frac, saca un cartel que decía “recién divorciado”. ¡Estábamos tocando en una fiesta de divorcio! Pero en ningún momento alguien se veía triste o decaído, al contrario, ha sido uno de los eventos con más buena energía en donde hemos tocado.

Esta última que te voy a contar es algo de verdad inaudito, algo que nadie me cree cuando lo cuento, pero es verdad. Un amigo de la infancia, Pato, nos contrató para dar una serenata en la madrugada de San Valentín a un rancho cerca de Santa Isabel. Antes de tomar carretera se paró en un Oxxo y compró una telera. Debes saber que Pato es un tipo muy malamansado, de rancho, así tosco y brusco, pero un buen tipo. Cuando volvió a la camioneta con la telera, vimos que la partió y le sacaba el migajón, luego el migajón se lo puso en las axilas. Te lo juro, le quitó el migajón al pinche pan y se lo puso en las axilas. Cuando le preguntamos por qué hacía eso dijo “ahorita van a ver, esto me lo enseñó un indio”. Nos empezamos a adentrar en una zona sin pavimento y luego tuvimos que caminar por entre árboles para llegar al rancho donde iba a ser la serenata. De pronto escuchamos mucho ruido como de hierba y pisadas. Aparecieron dos perros, pero dos perros enormes y encabronados, eran del tamaño de becerros y estaban ladre y ladre. En eso Pato se saca el migajón de las axilas y se los avienta, los perros empezaron a olerlo y a comerlo y se quedaron tranquilos. Pato nos mira y dijo “¿Ven? Les dije que esto me lo enseñó un indio y esos cabrones no dicen mentiras”.

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EL DISCRETO ENCANTO DE LA BURGUESÍA
Ludy Robles | Educadora y mamá del que hizo estas entrevistas | 59 años
En la secundaria recibí una tarjeta que, en un principio, no llamaba mucho la atención; era pequeñita pero cuando la mirabas con atención se podían ver muchos detalles. Era una tarjeta en donde se había invertido mucho esfuerzo, creatividad y tiempo. Quien la envió era un amigo a quien yo quería mucho. Lustraba zapatos en el centro de Ciudad Juárez. Muy vago pero muy aplicado. Cuando llegué a casa le mostré la tarjeta a mi madre. La rompió y tiró a la basura, diciendo que era muy poca cosa y sin gusto, algo de esperarse de un bolero. Al paso de los años, ese niño se convirtió en Rosendo Gaytan, un periodista de mucho prestigio y muy reconocido en Ciudad Juárez.
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 EL ANIVERSARIO DEL SUICIDIO DE LA AMIGA DE MI MADRE
Raúl Anibal | Escritor | 33 años
Una amiga de mi madre se suicidó un 14 de febrero mediante una sobredosis de pastillas. Durante mucho tiempo me he preguntado si la fecha elegida (“el día de los enamorados”) era una coincidencia o parte del efecto deseado por ella. El suicidio es una forma brutal de castigo a quienes quedan con vida, y cada detalle es una pista de los cargos que se nos imputan. Tengo presente esta muerte por otra cosa: un año después, en el aniversario del suicidio, sus amigas se reunieron para recordarla y homenajearla. Acompañé a mi madre. Jugando y un poco aburrido, en una habitación apartada de la casa donde sucedía la reunión, me besé con la hija de una de sus amigas. Era una muchacha rubia, unos cuantos centímetros más alta que yo y que siempre me había gustado (creo que hoy es abogada y madre). Fue mi primer beso o algo parecido. Mientras ellas hablaban sobre su amiga muerta, nosotros nos escondíamos en un cuarto oscuro. Tendríamos 12 y 11 años, pero lo que más recuerdo con cierta vergüenza fue que nos llenamos la ropa de saliva, pues ninguno de los dos sabía besar. Cuando por fin nos buscaron, teníamos manchas húmedas de baba alrededor del cuello. Supongo que no engañamos a nadie de los presentes aquella tarde (entre ellos mi mamá).
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MI VIDA ES COMO UN PINCHE CAPÍTULO DE SKINS, GÜEY
Natalia | Estudiante | 20 años
Estuve en la prepa del Tec Millenio y tenía un novio que se llama Allan. El mero catorce de febrero me cortó y yo toda pendeja y dolida me metí al baño y me tatué una A en la mano usando una jeringa y tinta.
Ah. Y ayer el vato que me gusta me mandó a la mierda.